
Si hablamos de sus antecedentes biológicos comienzo por decir que esta planta bulbosa está estrechamente relacionada con las cebollas, puerros, cebolleta, etc. El ajo es originario de Asia Central, y ha sido cultivado por lo menos desde hace ya 5 mil años.
Desde lo nutricional, dado su uso como picante , el ajo provee cantidades insignificantes de nutrientes.
Pero vayamos con mayor precisión a detallar sus acciones terapéuticas. El poder curativo del ajo es reconocido a través de las populares tradiciones Chinas de miles de años atrás. El ajo contiene compuestos antioxidantes, incluyendo compuestos de organosulfurados, que se cree que son los responsables por la mayoría de las acciones farmacológicas y antimicrobiales.
El ajo posee probadas potencialidades antibióticas de amplio espectro, capaces de combatir las bacterias, parásitos intestinales y los virus. Puede bajar la presión arterial y el colesterol en la sangre, desalienta peligrosamente la coagulación de la sangre, baja el riesgo de tener cáncer, (especialmente el cáncer de estomago). El ajo es un buen remedio para el resfrío, actúa como descongestionante, expectorante, antiespasmódico, y como agente antinflamatorio. También tiene actividades antidiarreicas, y diruéticas , así como también parece levantar el estado de ánimo.
Imagen: vidaysaludnatural Fuente: foodasfood













