
Recientemente oímos mucho que las dietas disociadas son mucho mejores que el resto. Por eso queremos hoy aclarar el término, cuáles son los beneficios y por qué están teniendo tanta aceptación entre los profesionales de la medicina.
La idea central es no mezclar tipos de alimentos. Es decir, si vamos a tomar hidratos (arroz, maíz, patatas, pan…etc.) no podemos mezclarlos con proteínas (carne, pescado, huevo, queso, leche…etc.). Resumiendo, hacer justamente lo contrario a lo que hacemos al tomarnos un bocadillo.
La fruta siempre quedará fuera de las comidas principales y sólo se deberá tomar entre horas. El yogur y los frutos secos sí son admitidos en todo tipo de comidas. Como principal ventaja tenemos que no hace falta llevar una calculadora para las calorías o usar una báscula para tomar equis gramos de cada cosa.
También es importante recordar, como es normal, que por la noche sería mejor tomar las proteínas y a medio día los hidratos. Pero esta dieta nos permite comer de todo siempre que cumplamos la regla básica de no mezclar los alimentos.
Os proponemos un modelo de dieta:
Desayuno: Infusión o café. Yogur con cereales, tostada con mermelada, fruta.
Comida: Verduras con pasta/arroz u otro cereal a escoger, manzana, pera o yogur, infusión.
Merienda: Igual que el desayuno pero menos cantidad.
Cena: Verduras más proteínas. Yogur, manzana o pera y algunos frutos secos.
La idea es variar la carne al máximo, el pescado y los cereales a combinar. Esperamos vuestros comentarios en el caso de que ya hayáis probado esta dieta.
Fuente: En buenas manos. Imagen: Consumer.













